lunes, 1 de diciembre de 2008

Ya no quiero las estrellas

Parad los relojes, descolgad el teléfono. Prevenid el ladrido del perro con un jugoso hueso. Silenciad los pianos y, con apagado tambor, el ataúd sacad y a las plañideras avisad. Que avionetas negras nos sobrevuelen y en el cielo escriban el mensaje: él ha muerto.
Poned en los blancos cuellos de las palomas un crespón, que los guardias lleven guantes negros. Porque él fue mi norte y mi sur, mi este y mi oeste, mi semana de trabajo, mi descanso dominical, mi mediodía, mi medianoche, mi charla, mi canción.
Creí que el amor duraría siempre: me equivoqué.
Ya no quiero las estrellas: apagadlas todas.
Envolved la luna, desmantelad el sol. Vaciad los océanos. Los bosques arrasad. Porque ya nunca nada podrá acabar bien...





-no se... me gusto

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